sábado, 4 de febrero de 2017

2ESO: Artículo "En Jerez hierve ya el flamenco"

Ya sabemos que Manuel Bohórquez es uno de los críticos e investigadores del Flamenco más importantes. Hace unos días compartía con vosotros su artículo del año pasado. Ha dedicado una entrada en Expoflamenco al Festival de Flamenco de Jerez que este año cumple 21 ediciones.

En Jerez hierve ya el flamenco 

por Manuel Bohórquez Casado


Febrero nos trae el Festival de Jerez, que es para muchos aficionados el mejor de todos. La ciudad gaditana es cuna de buen flamenco desde hace casi dos siglos, donde han nacido muchos de los mejores cantaores de la historia, como, por citar solo a dos, Chacón y Manuel Torres; bailaoras como La Macarrona y La Malena, y guitarristas como Javier Molina, Manuel Morao, Paco Cepero y Moraíto. Sin Jerez, el flamenco no sería lo que es. No sé dónde está el secreto o cuál es el misterio, pero ese milagro ocurre en esa zona del mundo y no en otro lado. En Sevilla, por ejemplo, el flamenco no atraviesa su mejor época, a pesar de sus peñas, los tablaos y la Bienal. Fue la Meca en el siglo XIX y en el XX, pero en la actualidad no es ni la sombra de lo que fue. Se han perdido aquellos locales donde se reunían los artistas cada día para hablar de arte y meterse en fiesta. Vas a Sevilla, te dan ganas de tomar una copa con los artistas y te preguntas que dónde paran. En ningún sitio, eso se acabó. Entras en Triana y, salvo que te encuentres por casualidad a alguno, parece que has entrado en cualquier otro barrio de España, con lo que Triana fue. Recuerdo con añoranza la Taberna El Altozano, del gitano Joselito Lérida, donde te solías encontrar con El Mimbre, Pansequito, Manuel Molina, El Marsellés, Aurora Vargas, Naranjito y muchos más. O El Morapio, en la calle Pelay Correa, donde paraban muchos de los que formaron Triana Pura: El Pati y Pastora; El Herejía, El Breva, El Juani, El Coco, Pepa la Calzona o La Frasca. Paseabas por La Cava, la calle Pages del Corro, y veías andar a personas, artistas o no, que iban derramando canela en rama por las aceras. En Jerez, en cambio, siguen existiendo tabernas, tabancos y locales modernos donde te encuentras con frecuencia a los artistas de la tierra: Fernando el de la Morena, Luis el Zambo, El Capullo, Diego Carrasco, Mateo Soleá y un sinfín de ellos. Y, además, te das un paseo por La Plazuela o el Barrio de Santiago y aún huele todo a flamenco, las pescaderías y carnicerías, los bares, las casas. Ya sé que habrá quien diga que nada en Jerez es como hace algunas décadas, como ocurre en Cádiz, Sevilla o Málaga. Pero en Jerez sigue hirviendo el flamenco, como hierven aún los pucheros en algunos sitios de esa mágica ciudad. Dentro de poco tienen el Festival de Jerez, uno de los mejores del mundo, pero, además, han creado otro festival paralelo, el Festival Flamenco Off Jerez, que parece consolidarse, y otro más, que celebrará este año su primera edición. Estos dos, creados aprovechando el ambiente y el tirón del festival que hoy nos ocupa. Y luego están las peñas flamencas. En ninguna ciudad del mundo puede darse la concentración de artistas y espectáculos que va a tener lugar este mes en Jerez. En ninguna. Vienen aficionados y aficionadas de todo el mundo, unos a disfrutar del buen ambiente y de los espectáculos y otros a participar en los muchos cursos que se darán este mismo mes, de artistas que a veces solo van a eso, a dar cursos, porque el mundo quiere aprender flamenco. Naturalmente, alguna vez he ido al Festival de Jerez y luego me he perdido por las calles más típicas de la ciudad para vivir ese ambiente y, con algo de suerte, poder estar en alguna fiesta particular o reunión de artistas como algunos de los citados. El que vive ese ambiente una vez, regresa al año siguiente, porque no hay nada que enganche más a este arte que una reunión de genios en un tabanco, disfrutando entre ellos, improvisando, contando anécdotas y mostrándose tal y como son de verdad, sin nadie que les diga dónde tienen que ponerse o cómo se deben vestir. Este año volveré a Jerez, o esa es mi intención, porque un día o dos en esa ciudad, con el ambiente ya narrado, te carga las pilas para el resto del año.  

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